Adoro la quietud de la madera:
Adoro la música del río:
Adoro tumbarme de modo pensativo
Sobre alguna silenciosa colina.
Apenas oído, bajo árboles arqueantes,
las crestas plateadas ondulan;
y, como un arrollo mímico, la brisa
suspira entre la hierba.
Aquí desde el mundo gano libertad
ni desdén del hombre, ni huellas verdes,
rompen en el mar la paz sagrada
de ésta soledad.
S. M. de horas doradas de Vida son jóvenes en primavera
inocente, ¡de amor y verdad!
Brillan, más allá de toda imaginación,
Tu es..., ¡féerico sueño de juventud!
Gustaré de dar toda riqueza que apilé estos años,
resultado lento del decaimiento de la Vida,
de ser una vez más pequeño, hijo,
de un brillante día de verano.
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