Todavía aquel buque-fantasma está cerca
como una desilusión, y comovivo y real hace señas,
todo debajo de un cielo amargo,
meciendo sobre un océano agitado.
Alrededor del mástil tensor y cubiertas
oprimiesen los espíritus de la tormenta
oscuramente visto a través de las nubes precipitadas
Dobla cada pálida forma demacrada.
¡Vela! ¡La buena embarcación derrotada al fin!
Tontamente toman retiradas; no más luchas;
dirigiéndose sobre la ola disparada
de cabeza hacia la fatídica costa.
¡Presta atención! Ya oigo su parte abotarada,
un bajo y tosco golpe se ha dado,
dañada y malherida, en medio de la espumeante marea
por una roca se haya hundida.
Su cara brilla fuera contra viento,
como un fantasma, tan frío como blanquido;
con un ojo muerto y desparejado,
contemplando a través una recogida noche.
¿Está mirando él, a través de la sombra,
donde una fantasmagórica mano burlona
señala una tenue y débil chispa,
reluciendo desde la tierra distante?
¿Ve él, en ésta hora de pavor,
la chimenea y el hogar, la esposa y el retoño?
¿Es amado por quienes, en huidos veranos,
se agarran a él, sonriendo y llorando?